viernes, 13 de enero de 2012
miércoles, 2 de junio de 2010
El Obstáculo
Antoine de Saint-Exupéry, famoso autor de El Principito, escribió en su libro Tierra de los Hombres: “El hombre se descubre cuando se mide con el obstáculo”.
¿Cuál es ese obstáculo que nos permite descubrirnos?
Nosotros mismos. Ese es el obstáculo y no otro.
Cada quien es su medida. Podemos obstaculizar nuestro paso por la vida o permitir que todo fluya. Vencer el obstáculo es irnos conociendo. Profundizar en lo que somos y en lo deseamos llegar a ser. Qué dejar, qué descartar.
Si nos conformamos con lo que tenemos dentro (de mí, ti, de cada uno), porque creemos que lo que tenemos es suficiente. O somos carentes o somos soberbios.
El ser humano no puede conformarse. Cada día es un nuevo día… Cada día es un día para crecer. El verdadero fin del paso del tiempo es crecer como seres humanos. Avanzar a esa meta, la de ser mejores. Y en este caso, es el interior lo que cuenta. El alma, la mente, el espíritu. La arcilla de la que estamos hechos; la que debemos moldear segundo a segundo, al son de las experiencias de la vida. Las experiencias propias y aquellas que observamos vividas por los demás.
Acompaña a estas primeras reflexiones otra cita del mismo libro: “¿Por qué odiarnos? Somos solidarios, llevados por el mismo planeta, equipo también de un mismo navío. Y si es bueno que unas civilizaciones se opongan a otras para favorecer síntesis nuevas, es monstruoso que se devoren entre sí”
Deploramos las guerras en otras naciones. ¿Nos hemos percatado de que vivimos una guerra permanente, aquí en nuestros escasos doscientos y tantos kilómetros de extensión territorial? Aquí no existe la crítica constructiva. Estamos sometidos a la infamia destructiva, de los que están a favor y de los que están en contra. Al principio, un caos inaguantable, distorsionador, perverso. Ahora un modus vivendi al que poco a poco nos hemos acostumbrado.
La mayoría de la gente, aquella que no entiende, que no sabe cómo y que además no tiene a donde opinar, es la parte media de este sánduche del debate sucio de ideologías de apariencia, cuya única verdad es estar ajenas a las necesidades reales de todo un país.
Buen libro el de Saint-Exupéry, me gustaría que muchos lo lean. Sobre todo los que tienen la capacidad o disponen de los medios para llegar con su opinión a los demás, a la mayoría. También lo recomiendo a los que forman el Gobierno, cualquiera que este sea, nacional, provincial, municipal.
Vale la pena replantear las cosas, si es seria la aspiración de mejores días para todas las personas en el Ecuador.
Valga aplicar una reflexión más al contexto ecuatoriano: “Es quizá bello morir por la expansión de un territorio, pero la guerra de hoy destruye lo que pretende favorecer”. La guerra de hoy, destruye lo que pretende favorecer. La prepotencia, la imposición y el irrespeto deberían pasar de moda. ¡Venzamos el obstáculo! Ese obstáculo que está dentro de ti y de mí y que nos impide avanzar.
¿Cuál es ese obstáculo que nos permite descubrirnos?
Nosotros mismos. Ese es el obstáculo y no otro.
Cada quien es su medida. Podemos obstaculizar nuestro paso por la vida o permitir que todo fluya. Vencer el obstáculo es irnos conociendo. Profundizar en lo que somos y en lo deseamos llegar a ser. Qué dejar, qué descartar.
Si nos conformamos con lo que tenemos dentro (de mí, ti, de cada uno), porque creemos que lo que tenemos es suficiente. O somos carentes o somos soberbios.
El ser humano no puede conformarse. Cada día es un nuevo día… Cada día es un día para crecer. El verdadero fin del paso del tiempo es crecer como seres humanos. Avanzar a esa meta, la de ser mejores. Y en este caso, es el interior lo que cuenta. El alma, la mente, el espíritu. La arcilla de la que estamos hechos; la que debemos moldear segundo a segundo, al son de las experiencias de la vida. Las experiencias propias y aquellas que observamos vividas por los demás.
Acompaña a estas primeras reflexiones otra cita del mismo libro: “¿Por qué odiarnos? Somos solidarios, llevados por el mismo planeta, equipo también de un mismo navío. Y si es bueno que unas civilizaciones se opongan a otras para favorecer síntesis nuevas, es monstruoso que se devoren entre sí”
Deploramos las guerras en otras naciones. ¿Nos hemos percatado de que vivimos una guerra permanente, aquí en nuestros escasos doscientos y tantos kilómetros de extensión territorial? Aquí no existe la crítica constructiva. Estamos sometidos a la infamia destructiva, de los que están a favor y de los que están en contra. Al principio, un caos inaguantable, distorsionador, perverso. Ahora un modus vivendi al que poco a poco nos hemos acostumbrado.
La mayoría de la gente, aquella que no entiende, que no sabe cómo y que además no tiene a donde opinar, es la parte media de este sánduche del debate sucio de ideologías de apariencia, cuya única verdad es estar ajenas a las necesidades reales de todo un país.
Buen libro el de Saint-Exupéry, me gustaría que muchos lo lean. Sobre todo los que tienen la capacidad o disponen de los medios para llegar con su opinión a los demás, a la mayoría. También lo recomiendo a los que forman el Gobierno, cualquiera que este sea, nacional, provincial, municipal.
Vale la pena replantear las cosas, si es seria la aspiración de mejores días para todas las personas en el Ecuador.
Valga aplicar una reflexión más al contexto ecuatoriano: “Es quizá bello morir por la expansión de un territorio, pero la guerra de hoy destruye lo que pretende favorecer”. La guerra de hoy, destruye lo que pretende favorecer. La prepotencia, la imposición y el irrespeto deberían pasar de moda. ¡Venzamos el obstáculo! Ese obstáculo que está dentro de ti y de mí y que nos impide avanzar.
martes, 20 de abril de 2010
La casa propia
Entre los pocos buenos hábitos que tengo está el ir a Misa diaria. Uno de mis hijos hace lo mismo cada día. Él va a la misa de las cuatro de la tarde que celebran en la capilla de la UEES. Ya que estudia en esa universidad.
Unas pocas semanas atrás fui a la UEES por algún motivo que ahora no recuerdo. Como es mi costumbre pasé por la capilla, iba a saludar a Jesús en El Sagrario. Vi el cartelito que está colocado a la entrada, decía: “Misa de Lunes a Jueves, 4 P.M.” Miré el reloj eran justo las cuatro en punto. ¡En buena hora! Entré. Tuve la grata sorpresa de ver que mi hijo estaba ahí, listo para escuchar la misa. A la salida comentamos. Vengo a esta misa -dijo mi hijo- porque el padre Richard es espectacular. Tienes razón -Respondí- Habla bien, claro y conciso. Sobre todo la misa es rápida.
Desde esa tarde, casi todos los días vamos juntos a “la misa del padre Richard”. Recuerdo cuando el padre Richard contó la anécdota de su viaje a los Estados Unidos. Dijo algo así (no es exactamente lo que dijo, pero ahí va): “Por sugerencia de mi director espiritual, viajé a los Estados Unidos. En realidad sentía temor de ir a cualquier lado a ejercer mi profesión de cura, porqué era una época en que se veía mal a los sacerdotes. Había escándalos de todo tipo. Yo sentía vergüenza de que la gente se diera cuenta de que era sacerdote. Pensé que iba a ser rechazado por todos, mal visto. Inclusive para el viaje iba a vestirme con una ropa cualquiera, no como visten los sacerdotes con el “cuellito de sacerdote” en la camisa. No quería que reconocieran en mí a un sacerdote. Pero mi director espiritual dijo que debía ir vestido como sacerdote. Así lo hice.
Cuando llegamos al aeropuerto de Miami tuve que pasar por migración. Me acerqué a mostrar mis papeles. El que me atendió era un colombiano. Al ver mi atuendo de cura dijo: “Ah padre, ¿tiene una medallita del Divino Niño? Es que soy devoto” Sentí miedo, ¡fui descubierto! El de migración se dio cuenta de que yo era sacerdote. Veía cámaras por todas partes. Si le doy la medallita, además de saber que soy sacerdote, van a pensar que soy sospechoso. No, respondí, no tengo medallitas. Pero el de migración insistía en su devoción. Mire, tengo una estampita. La saqué y se la di. Con una sonrisa el de migración dijo: ¿Padre, cuánto tiempo se piensa quedar por aquí? Un mes - respondí, sólo un mes-. El hombre insistió. No padre, ¡qué va!, quédese más tiempo. Le voy a poner un año, ¿qué le parece?- ¡No! ¡No! Solo un mes. Pensé que era una especie de trampa, el de migración sabía todo. Sabía que yo era sacerdote-. Bueno padre, le pongo que se va a quedar seis meses. ¡Ya está! Seis meses lo tendremos por aquí, dijo eso y selló mi pasaporte.
Salí del aeropuerto desconcertado. Cuando llegué a mi parroquia toda la gente se mostró muy amable. Pasé días maravillosos ejerciendo mi profesión de sacerdote, en realidad me fue bien. Mejor de lo que esperaba…” El padre Richard estaba hablando, parado en la mitad de la capilla, se quedó en silencio y caminó hacia el altar. Cuando iba a realizar la bendición del pan y del vino, se detuvo y dijo: “¡Tan bien me fue, tan amables se portaron conmigo! Inclusive luego de una misa, un señor me dio una donación en efectivo de cinco mil dólares. Como mi parroquia era muy pobre, pude hacer muchas obras con ese dinero. ¡Qué grande que es el Señor! Y yo que sentía vergüenza de ser cura”
Así como la que les he relatado, otras tantas anécdotas he escuchado decir al padre Richard. Una de ellas, siento especialmente que debo compartirla. Aunque intento, no logró concretar en mi memoria el Evangelio de ese día, ni el salmo. He revisado las lecturas que corresponden a la fecha para hallar alguna relación entre ellas y la anécdota que sigue. Pero nada. Mi memoria y mi entendimiento se concentran en la historia. Más o menos es así:
El padre Richard había terminado su predicación (homilía) y se dirigió al altar. Cuando iba a bendecir el pan y el vino se detuvo y dijo: “Recuerdo una vez cuando me fui a dar un retiro a Pasto. Había en el retiro una pareja, un matrimonio que se veía muy compenetrado. Se notaba cuanto se querían. El esposo, se acercó a hablar conmigo. Padre- me dijo- tengo un dolor muy grande en el alma. Mi hijita de seis años había escuchado a alguien decir, que lo mejor en la vida es tener una casa propia. Siempre me decía: “Papi, ¿cuándo compramos nuestra casa propia?” Lo mismo le decía a su mamá. Mi esposa y yo hicimos un gran esfuerzo para poder complacer a nuestra hija. Con un préstamo y una hipoteca logramos comprar la casita. Mi hijita estaba feliz. ¡Al fin nuestra casa propia, papi! Un día, ella estaba asomadita en la ventana de su habitación, mientras afuera, en la calle, se producía una balacera. Una bala perdida le cayó en la frente…” Hubo un silencio. El padre Richard continuó: “La niña murió a consecuencia de la bala pérdida, a las dos semanas de haberse cambiado a vivir a su casita nueva, a su casa propia”
Acabo de recordar porqué contó esto el padre Richard. Antes de caminar hacia el altar, hizo una pregunta: “¿Hoy, la gente se está acercando más a Dios? Puede ser, dijo. Tantos desastres naturales, terremotos como el de Haití. Pero a veces, muchas veces, las cosas pasan y no precisamente por un desastre natural”. Entonces, cuando ya estaba en el altar, contó la historia de la niña, la casa propia, la ventana y la bala perdida.
Luego de decir la historia, se quedó en silencio. Siguió con la celebración de la misa y dijo visiblemente conmovido: “Pidámosle al Señor que aumente nuestra fe. Acudamos a Él. Digámosle que aumente nuestro amor”
Todos los seres humanos nos asomamos cada día a la ventana de la “casa propia” en la que nos ha tocado vivir. Exactamente como la niña de la historia, estamos expuestos al mal del mundo, a esa bala perdida que nos puede aniquilar. Pero la reflexión no es esa. La niña estaba feliz en su ventana. Confiada, tal como son los niños. Asomada al mundo si miedos, compartiendo su alegría hasta el final.
Unas pocas semanas atrás fui a la UEES por algún motivo que ahora no recuerdo. Como es mi costumbre pasé por la capilla, iba a saludar a Jesús en El Sagrario. Vi el cartelito que está colocado a la entrada, decía: “Misa de Lunes a Jueves, 4 P.M.” Miré el reloj eran justo las cuatro en punto. ¡En buena hora! Entré. Tuve la grata sorpresa de ver que mi hijo estaba ahí, listo para escuchar la misa. A la salida comentamos. Vengo a esta misa -dijo mi hijo- porque el padre Richard es espectacular. Tienes razón -Respondí- Habla bien, claro y conciso. Sobre todo la misa es rápida.
Desde esa tarde, casi todos los días vamos juntos a “la misa del padre Richard”. Recuerdo cuando el padre Richard contó la anécdota de su viaje a los Estados Unidos. Dijo algo así (no es exactamente lo que dijo, pero ahí va): “Por sugerencia de mi director espiritual, viajé a los Estados Unidos. En realidad sentía temor de ir a cualquier lado a ejercer mi profesión de cura, porqué era una época en que se veía mal a los sacerdotes. Había escándalos de todo tipo. Yo sentía vergüenza de que la gente se diera cuenta de que era sacerdote. Pensé que iba a ser rechazado por todos, mal visto. Inclusive para el viaje iba a vestirme con una ropa cualquiera, no como visten los sacerdotes con el “cuellito de sacerdote” en la camisa. No quería que reconocieran en mí a un sacerdote. Pero mi director espiritual dijo que debía ir vestido como sacerdote. Así lo hice.
Cuando llegamos al aeropuerto de Miami tuve que pasar por migración. Me acerqué a mostrar mis papeles. El que me atendió era un colombiano. Al ver mi atuendo de cura dijo: “Ah padre, ¿tiene una medallita del Divino Niño? Es que soy devoto” Sentí miedo, ¡fui descubierto! El de migración se dio cuenta de que yo era sacerdote. Veía cámaras por todas partes. Si le doy la medallita, además de saber que soy sacerdote, van a pensar que soy sospechoso. No, respondí, no tengo medallitas. Pero el de migración insistía en su devoción. Mire, tengo una estampita. La saqué y se la di. Con una sonrisa el de migración dijo: ¿Padre, cuánto tiempo se piensa quedar por aquí? Un mes - respondí, sólo un mes-. El hombre insistió. No padre, ¡qué va!, quédese más tiempo. Le voy a poner un año, ¿qué le parece?- ¡No! ¡No! Solo un mes. Pensé que era una especie de trampa, el de migración sabía todo. Sabía que yo era sacerdote-. Bueno padre, le pongo que se va a quedar seis meses. ¡Ya está! Seis meses lo tendremos por aquí, dijo eso y selló mi pasaporte.
Salí del aeropuerto desconcertado. Cuando llegué a mi parroquia toda la gente se mostró muy amable. Pasé días maravillosos ejerciendo mi profesión de sacerdote, en realidad me fue bien. Mejor de lo que esperaba…” El padre Richard estaba hablando, parado en la mitad de la capilla, se quedó en silencio y caminó hacia el altar. Cuando iba a realizar la bendición del pan y del vino, se detuvo y dijo: “¡Tan bien me fue, tan amables se portaron conmigo! Inclusive luego de una misa, un señor me dio una donación en efectivo de cinco mil dólares. Como mi parroquia era muy pobre, pude hacer muchas obras con ese dinero. ¡Qué grande que es el Señor! Y yo que sentía vergüenza de ser cura”
Así como la que les he relatado, otras tantas anécdotas he escuchado decir al padre Richard. Una de ellas, siento especialmente que debo compartirla. Aunque intento, no logró concretar en mi memoria el Evangelio de ese día, ni el salmo. He revisado las lecturas que corresponden a la fecha para hallar alguna relación entre ellas y la anécdota que sigue. Pero nada. Mi memoria y mi entendimiento se concentran en la historia. Más o menos es así:
El padre Richard había terminado su predicación (homilía) y se dirigió al altar. Cuando iba a bendecir el pan y el vino se detuvo y dijo: “Recuerdo una vez cuando me fui a dar un retiro a Pasto. Había en el retiro una pareja, un matrimonio que se veía muy compenetrado. Se notaba cuanto se querían. El esposo, se acercó a hablar conmigo. Padre- me dijo- tengo un dolor muy grande en el alma. Mi hijita de seis años había escuchado a alguien decir, que lo mejor en la vida es tener una casa propia. Siempre me decía: “Papi, ¿cuándo compramos nuestra casa propia?” Lo mismo le decía a su mamá. Mi esposa y yo hicimos un gran esfuerzo para poder complacer a nuestra hija. Con un préstamo y una hipoteca logramos comprar la casita. Mi hijita estaba feliz. ¡Al fin nuestra casa propia, papi! Un día, ella estaba asomadita en la ventana de su habitación, mientras afuera, en la calle, se producía una balacera. Una bala perdida le cayó en la frente…” Hubo un silencio. El padre Richard continuó: “La niña murió a consecuencia de la bala pérdida, a las dos semanas de haberse cambiado a vivir a su casita nueva, a su casa propia”
Acabo de recordar porqué contó esto el padre Richard. Antes de caminar hacia el altar, hizo una pregunta: “¿Hoy, la gente se está acercando más a Dios? Puede ser, dijo. Tantos desastres naturales, terremotos como el de Haití. Pero a veces, muchas veces, las cosas pasan y no precisamente por un desastre natural”. Entonces, cuando ya estaba en el altar, contó la historia de la niña, la casa propia, la ventana y la bala perdida.
Luego de decir la historia, se quedó en silencio. Siguió con la celebración de la misa y dijo visiblemente conmovido: “Pidámosle al Señor que aumente nuestra fe. Acudamos a Él. Digámosle que aumente nuestro amor”
Todos los seres humanos nos asomamos cada día a la ventana de la “casa propia” en la que nos ha tocado vivir. Exactamente como la niña de la historia, estamos expuestos al mal del mundo, a esa bala perdida que nos puede aniquilar. Pero la reflexión no es esa. La niña estaba feliz en su ventana. Confiada, tal como son los niños. Asomada al mundo si miedos, compartiendo su alegría hasta el final.
viernes, 9 de abril de 2010
Parafraseando a Pulitzer
En periodismo las cosas son como son no como deseamos que hayan sido o como nos parece que fueron. En periodismo: Hay que decir la verdad. La verdad objetiva. Si llueve, el periodista dirá: llueve. Si llovió ayer en Guayaquil, el periodista dirá: Llovió ayer en Guayaquil.
Si él sintió frío o calor por la lluvia eso es otra historia. También la puede contar si al escribir no está pensando dar una información sino una opinión.
La realidad no debe ser adulterada. Quien distorsiona la verdad ante la gente, comete un fraude ante su conciencia y ante la sociedad.
En Periodismo hay que decir las cosas usando un lenguaje sencillo, conciso y claro. Dos más dos son cuatro. Para expresar esta verdad matemática no necesitamos formular una ecuación o una regla de tres o desarrollar un logaritmo. Para decir que llueve, decimos: llueve. No hay porque hablar con adornos, sean o no literarios. El periodismo es periodismo, no literatura. Claro que si se aprende a manejar el lenguaje periodístico de manera idónea, aún con los temas menos agradables, se pueden encontrar verdaderas obras de arte. Se puede practicar un periodismo bello, hermoso, cautivador, sin distorsionar los hechos. ¿Cómo se obtiene un buen manejo del idioma?
Se obtiene así: ¡Leer y leer y seguir leyendo! Periodista que no lee, no es periodista. Pero ¡ojo! Hay que leer buena lectura. Cualquier publicación, aún siendo Best Seller, ganador de un Pulitzer o de un Nobel, no quiere decir que por eso sea una lectura recomendable. Quien desea aprender y ser mejor en su oficio, está en la obligación de saber qué lee y a quién lee.
Entonces, hay que investigar: Qué es bueno y qué no lo es. ¡Investigar! ¿Se lo contaron? ¿Lo vio a la pasada? ¿Lo publicaron en algún lado? ¿Lo repiten en los medios, dale que dale como cotorras sin pensamiento? No sirve. ¡Investíguelo! Compruébelo. Tenga la certeza. Lo que quiere decir: Vaya a la fuente. No se quede en lo que le contaron, lo que escuchó o lo que leyó. Cerciórese usted mismo de que las cosas sucedieron como sucedieron.
Según la tradición nos enseña, hay dos tipos de periodistas (los buenos periodistas): Los que estudiaron periodismo y se graduaron de periodistas y los que nunca estudiaron periodismo, pero son autodidactas del periodismo. Lo importante en ambos casos es la preparación, el estudio. El deseo de aprender y de hecho hacerlo. Aprender cada día más. Si no es así, las consecuencias están ante nuestros ojos. Un periodismo venido a menos en boca, manos y pensamiento de gente no preparada. Un periodismo manipulable y manipulador, que no responde al fin único y último de la profesión: Servir a la sociedad.
Pulitzer, el “padre del periodismo” no fue a la universidad, no podía. No tenía dinero y debía trabajar hasta el extremo. No se graduó de periodista en ninguna parte. No fue a estudiar al “extranjero” porque el mismo era un migrante. Un extranjero, un extraño. Pese a todo fue un verdadero autodidacta. Nadie le enseño. Él aprendió. Las horas libres las dedicaba a “devorar” libros. Una vez director de sus periódicos, arremetía a sus reporteros con la palabra: ¡Exactitud! Para ser exactos hay que saber lo que se está haciendo. A ciegas, imposible. El que no se prepara anda a ciegas.
El mismo Pulitzer dijo: La única profesión del mundo que no necesita preparación alguna, es la de Idiota, para todo lo demás: ¡Hay que estudiar!
Periodista no es cualquiera. Periodista es aquel hombre o mujer que se ha preparado. Que conoce la diferencia entre una entrevista y un debate. Que sabe cómo se escribe un artículo informativo y que éste es distinto de uno de opinión. Periodismo: Estudiar, quemarse las pestañas. Vivir las experiencias, anotar todos los detalles. Mezclarse entre la gente. En el día a día de cualquiera persona. En el día a día de la ciudad, del país. En tu propio día a día.
Escribir y borrar, una y otra vez.
Aprender a decir las cosas. A contar las historias de la vida de forma veraz. Con objetividad, exactitud, claridad y concisión. A cada acontecimiento preguntar: Qué, quién, cómo, cuándo, dónde, porqué, para qué.
Así los detalles básicos estarán abordados. Lo demás es cuestión de creatividad, de talento y de estilo. ¿Y si te equivocas a pesar de haberlo hecho todo bien? Siempre se puede rectificar.
Todos los periodistas auténticos, los de profesión y los de vocación y los de vocación y profesión, más allá de respetar, regirse, soportar, instituir o imponer códigos o leyes debemos trabajar procurando aumentar el bien y evitar el mal. Debemos hacer de la virtud, la ética y la moral, un hábito de vida. En ese quehacer ético y moral resalta la primera obligación de todo periodista: ¡Defender la libertad de expresión! Reconociendo que los límites de la libertad de expresión son: la verdad, la justicia y la responsabilidad.
¡Solo cuando defendemos la libertad de todos, somos auténticamente libres! Más que nunca, para abordar la realidad y comunicarla. Para constatar la injusticia y denunciarla se necesitan en el mundo, más periodistas y menos idiotas. Entiéndase que estoy parafraseando a Pulitzer.
Si él sintió frío o calor por la lluvia eso es otra historia. También la puede contar si al escribir no está pensando dar una información sino una opinión.
La realidad no debe ser adulterada. Quien distorsiona la verdad ante la gente, comete un fraude ante su conciencia y ante la sociedad.
En Periodismo hay que decir las cosas usando un lenguaje sencillo, conciso y claro. Dos más dos son cuatro. Para expresar esta verdad matemática no necesitamos formular una ecuación o una regla de tres o desarrollar un logaritmo. Para decir que llueve, decimos: llueve. No hay porque hablar con adornos, sean o no literarios. El periodismo es periodismo, no literatura. Claro que si se aprende a manejar el lenguaje periodístico de manera idónea, aún con los temas menos agradables, se pueden encontrar verdaderas obras de arte. Se puede practicar un periodismo bello, hermoso, cautivador, sin distorsionar los hechos. ¿Cómo se obtiene un buen manejo del idioma?
Se obtiene así: ¡Leer y leer y seguir leyendo! Periodista que no lee, no es periodista. Pero ¡ojo! Hay que leer buena lectura. Cualquier publicación, aún siendo Best Seller, ganador de un Pulitzer o de un Nobel, no quiere decir que por eso sea una lectura recomendable. Quien desea aprender y ser mejor en su oficio, está en la obligación de saber qué lee y a quién lee.
Entonces, hay que investigar: Qué es bueno y qué no lo es. ¡Investigar! ¿Se lo contaron? ¿Lo vio a la pasada? ¿Lo publicaron en algún lado? ¿Lo repiten en los medios, dale que dale como cotorras sin pensamiento? No sirve. ¡Investíguelo! Compruébelo. Tenga la certeza. Lo que quiere decir: Vaya a la fuente. No se quede en lo que le contaron, lo que escuchó o lo que leyó. Cerciórese usted mismo de que las cosas sucedieron como sucedieron.
Según la tradición nos enseña, hay dos tipos de periodistas (los buenos periodistas): Los que estudiaron periodismo y se graduaron de periodistas y los que nunca estudiaron periodismo, pero son autodidactas del periodismo. Lo importante en ambos casos es la preparación, el estudio. El deseo de aprender y de hecho hacerlo. Aprender cada día más. Si no es así, las consecuencias están ante nuestros ojos. Un periodismo venido a menos en boca, manos y pensamiento de gente no preparada. Un periodismo manipulable y manipulador, que no responde al fin único y último de la profesión: Servir a la sociedad.
Pulitzer, el “padre del periodismo” no fue a la universidad, no podía. No tenía dinero y debía trabajar hasta el extremo. No se graduó de periodista en ninguna parte. No fue a estudiar al “extranjero” porque el mismo era un migrante. Un extranjero, un extraño. Pese a todo fue un verdadero autodidacta. Nadie le enseño. Él aprendió. Las horas libres las dedicaba a “devorar” libros. Una vez director de sus periódicos, arremetía a sus reporteros con la palabra: ¡Exactitud! Para ser exactos hay que saber lo que se está haciendo. A ciegas, imposible. El que no se prepara anda a ciegas.
El mismo Pulitzer dijo: La única profesión del mundo que no necesita preparación alguna, es la de Idiota, para todo lo demás: ¡Hay que estudiar!
Periodista no es cualquiera. Periodista es aquel hombre o mujer que se ha preparado. Que conoce la diferencia entre una entrevista y un debate. Que sabe cómo se escribe un artículo informativo y que éste es distinto de uno de opinión. Periodismo: Estudiar, quemarse las pestañas. Vivir las experiencias, anotar todos los detalles. Mezclarse entre la gente. En el día a día de cualquiera persona. En el día a día de la ciudad, del país. En tu propio día a día.
Escribir y borrar, una y otra vez.
Aprender a decir las cosas. A contar las historias de la vida de forma veraz. Con objetividad, exactitud, claridad y concisión. A cada acontecimiento preguntar: Qué, quién, cómo, cuándo, dónde, porqué, para qué.
Así los detalles básicos estarán abordados. Lo demás es cuestión de creatividad, de talento y de estilo. ¿Y si te equivocas a pesar de haberlo hecho todo bien? Siempre se puede rectificar.
Todos los periodistas auténticos, los de profesión y los de vocación y los de vocación y profesión, más allá de respetar, regirse, soportar, instituir o imponer códigos o leyes debemos trabajar procurando aumentar el bien y evitar el mal. Debemos hacer de la virtud, la ética y la moral, un hábito de vida. En ese quehacer ético y moral resalta la primera obligación de todo periodista: ¡Defender la libertad de expresión! Reconociendo que los límites de la libertad de expresión son: la verdad, la justicia y la responsabilidad.
¡Solo cuando defendemos la libertad de todos, somos auténticamente libres! Más que nunca, para abordar la realidad y comunicarla. Para constatar la injusticia y denunciarla se necesitan en el mundo, más periodistas y menos idiotas. Entiéndase que estoy parafraseando a Pulitzer.
martes, 9 de marzo de 2010
Manifiesto Del Frente de Mujeres de la Junta Cívica de Guayaquil En los Cien Años del Día Internacional de la Mujer
Las mujeres de Guayaquil, conscientes de su trascendental papel en la historia de la sociedad guayaquileña y que concierne a todo el Ecuador declaran en su manifiesto:
Reafirmar la fe en Dios y el compromiso con la fuerza cívica, con el valor de la mujer como pilar de la familia y de la sociedad.
Rescatar el rol de la mujer como base fundamental en la formación de ciudadanos valientes, honestos, emprendedores, trabajadores y patriotas. Pero sobre todo como formadora de seres humanos coherentes consecuentes y valientes, llamados a la excelencia para trabajar con espíritu de servicio por el progreso de nuestra ciudad, provincia y país.
Hacer un llamado al empuje, valentía, audacia y tesón de todas las mujeres guayaquileñas de nacimiento, de ancestro o de corazón, para permanecer firmes y perseverantes en la lucha por la autonomía, hasta su consecución verdadera, plena y total. Con la instauración del parlamento autonómico para lograr el progreso de Guayaquil, y en consecuencia, de todas las ciudades y rincones de la Patria.
Asegurar todas las libertades a las que las familias guayaquileñas y ecuatorianas tenemos derecho y restaurar el concepto de democracia en su más amplia expresión.
Consolidar el liderazgo de la mujer en todas las ramas del saber y en las diferentes actividades: magisterio, jurisprudencia, medicina, comunicación, finanzas, política, derechos humanos, voluntariado, servicios varios, entre otros. Y sobre todas estas actividades, la más importante: la de la mujer trabajadora que lucha día a día para llevar el pan a su hogar y encausar a sus hijos en el camino del bien.
Inspirar estos nobles anhelos de libertad y autonomía, en los vigentes ideales de José Joaquín de Olmedo. Y en las mujeres guayaquileñas que han dejado una huella fecunda en la historia:
Rosa Borja de Ycaza, Rita Lecumberri, Baltazara Calderón de Rocafuerte, Teresa Jado de Urbina, Bolivia Villamil de Ycaza entre otras ilustres mujeres de Guayaquil.
Invitar a todas las mujeres de Guayaquil a ser partícipes de las actividades del Frente Femenino de la Junta Cívica de Guayaquil.
Dado en Guayaquil, ciudad de Olmedo, aurora gloriosa de la libertad. Marzo 8 del 2010.
Reafirmar la fe en Dios y el compromiso con la fuerza cívica, con el valor de la mujer como pilar de la familia y de la sociedad.
Rescatar el rol de la mujer como base fundamental en la formación de ciudadanos valientes, honestos, emprendedores, trabajadores y patriotas. Pero sobre todo como formadora de seres humanos coherentes consecuentes y valientes, llamados a la excelencia para trabajar con espíritu de servicio por el progreso de nuestra ciudad, provincia y país.
Hacer un llamado al empuje, valentía, audacia y tesón de todas las mujeres guayaquileñas de nacimiento, de ancestro o de corazón, para permanecer firmes y perseverantes en la lucha por la autonomía, hasta su consecución verdadera, plena y total. Con la instauración del parlamento autonómico para lograr el progreso de Guayaquil, y en consecuencia, de todas las ciudades y rincones de la Patria.
Asegurar todas las libertades a las que las familias guayaquileñas y ecuatorianas tenemos derecho y restaurar el concepto de democracia en su más amplia expresión.
Consolidar el liderazgo de la mujer en todas las ramas del saber y en las diferentes actividades: magisterio, jurisprudencia, medicina, comunicación, finanzas, política, derechos humanos, voluntariado, servicios varios, entre otros. Y sobre todas estas actividades, la más importante: la de la mujer trabajadora que lucha día a día para llevar el pan a su hogar y encausar a sus hijos en el camino del bien.
Inspirar estos nobles anhelos de libertad y autonomía, en los vigentes ideales de José Joaquín de Olmedo. Y en las mujeres guayaquileñas que han dejado una huella fecunda en la historia:
Rosa Borja de Ycaza, Rita Lecumberri, Baltazara Calderón de Rocafuerte, Teresa Jado de Urbina, Bolivia Villamil de Ycaza entre otras ilustres mujeres de Guayaquil.
Invitar a todas las mujeres de Guayaquil a ser partícipes de las actividades del Frente Femenino de la Junta Cívica de Guayaquil.
Dado en Guayaquil, ciudad de Olmedo, aurora gloriosa de la libertad. Marzo 8 del 2010.
Lo que aprendí de ella
Era yo una adolescente cuando conocí a Madre Paloma Gutiérrez y ahora que me pongo a pensar, era ella una mujer joven. Habrá tenido no más de cuarenta. Recuerdo el primer sentimiento, de temor. Autoritaria, seria, estricta, de pocas pulgas. En pocas palabras ¡bravísima! También recuerdo el sentimiento mayor, el que cubre a todos los demás: un inmenso cariño. Por qué tan grande ese cariño. Porque son muchas cosas las que aprendí de ella. Son muchas cosas, si se pueden llamar cosas las que ella me enseño. Las que debo agradecer porque me han servido para sobrevivir en un mundo que no siempre ha sido de lo más apetecible.
Aprendí a ser quien soy y a valer por eso. Aprendí que por muy grande que sea el afecto o muy íntima que sea la amistad, el límite que no debemos rebasar es el del respeto. Aprendí a que hay que ser puntual, responsable y organizada. Aprendí a que ser sincera es importante, pero también aprendí a que ser sincera con amor, lo es mucho más. Aprendí que amar a alguien no es decir solamente lo que esa persona desea escuchar. Amar a alguien es decir lo que hay que decir, gústele o no le guste. Aprendí a decir lo que hay que decir, mirando a los ojos, hablando de frente. Aprendí que el cariño es algo que trasciende lo físico y que hay afectos que nos acompañan siempre y que durarán toda la vida. Aprendí muchas cosas. Aquí las tengo en este corazón que late segundo a segundo y que expresa lo que siente, honestamente y sin doblez.
Al decir lo bueno, no quiere decir que en todo ese tiempo de la vida en el colegio junto a Madre Paloma, no se dieron contratiempos. Dije que ella era bravísima. Ella era además bastante impulsiva. (Por lo cual nos parecemos) No sé si aún ella siga siendo así. Una vez alguien había llevado al colegio unos folletos “subversivos” sobe el Che Guevara. Resulta que soy hija de un papá de ideología marxista, lo que Paloma sabía. Sin averiguar la procedencia de los folletos, sin pensarlo y sin preguntarme al respecto, delante de “todo el mundo” me dio la repelada del siglo. Me dijo de todo lo que se le ocurrió en ese momento y además me agitaba tales folletos en las narices, repitiendo una y otra vez que como había sido yo capaz de llevar eso al colegio. Yo estaba atónita. De atónita pasé a estar sumamente dolida. Me sentía impotente. Yo no traje nada al colegio, respondí. Madre Paloma usted está en un error. Se puso peor, más furiosa todavía y después de decirme mentirosa me indicó que al otro día podría entrar a clases sólo con mi representante. Llegué a la casa y llorando se lo conté todo a mi mami. Ella sin esperar dos veces llamó a la monja por teléfono. Conversaron largo rato, entre otras cosas le dijo que jamás en mi hogar me impulsarían a estar haciendo campañas subversivas de ningún tipo y peor aún iban a aprobar que lleve al colegio nada que esté prohibido sea de la ideología que sea. Y por supuesto que en mi casa nos enseñaban a mí y a mis hermanas a no decir mentiras. Cueste lo que cueste decir la verdad. Al otro día llegué al colegio con pesar. Estaba dolida. La Madre Paloma no había confiado en mí, no había creído en mis palabras. Ella me esperaba a la entrada, saludo a mi mami, quien me acompañó como era lo previsto, luego me dijo: lo siento, me equivoqué y te pido disculpas. Aprendí entonces que por mucha autoridad que tenga una persona, es mejor persona aún y tiene mayor autoridad si es capaz de reconocer sus equivocaciones. Aprendí que la humildad es eso, y que ser humildes hace grandes a los seres humanos por muy bajo que hayan caído.
Recuerdo una ocasión en que, ya como ex alumna, la visité, conversamos de muchas cosas. Al final, cuando nos despedimos, Madre Paloma, quien me conoce muy bien, me miró y me hizo una pregunta: ¿Eres feliz? Pienso que sí, le dije. No, insistió. No es cuestión de que lo pienses. ¿Eres feliz? Sólo la miré a los ojos…
Hoy repasando esa pregunta sigo sin poder decir un ¡Sí! Contundente. Pero puedo decir que estoy en eso, tratando. En la vida he tenido muchos momentos felices. Muchos de los cuales los viví en aquel colegio querido, cuando aún faltando cinco y hasta diez minutos para la hora del recreo, con el pretexto de que iba al baño, corría hacia el timbre y llegaba antes que ella…
Aprendí a ser quien soy y a valer por eso. Aprendí que por muy grande que sea el afecto o muy íntima que sea la amistad, el límite que no debemos rebasar es el del respeto. Aprendí a que hay que ser puntual, responsable y organizada. Aprendí a que ser sincera es importante, pero también aprendí a que ser sincera con amor, lo es mucho más. Aprendí que amar a alguien no es decir solamente lo que esa persona desea escuchar. Amar a alguien es decir lo que hay que decir, gústele o no le guste. Aprendí a decir lo que hay que decir, mirando a los ojos, hablando de frente. Aprendí que el cariño es algo que trasciende lo físico y que hay afectos que nos acompañan siempre y que durarán toda la vida. Aprendí muchas cosas. Aquí las tengo en este corazón que late segundo a segundo y que expresa lo que siente, honestamente y sin doblez.
Al decir lo bueno, no quiere decir que en todo ese tiempo de la vida en el colegio junto a Madre Paloma, no se dieron contratiempos. Dije que ella era bravísima. Ella era además bastante impulsiva. (Por lo cual nos parecemos) No sé si aún ella siga siendo así. Una vez alguien había llevado al colegio unos folletos “subversivos” sobe el Che Guevara. Resulta que soy hija de un papá de ideología marxista, lo que Paloma sabía. Sin averiguar la procedencia de los folletos, sin pensarlo y sin preguntarme al respecto, delante de “todo el mundo” me dio la repelada del siglo. Me dijo de todo lo que se le ocurrió en ese momento y además me agitaba tales folletos en las narices, repitiendo una y otra vez que como había sido yo capaz de llevar eso al colegio. Yo estaba atónita. De atónita pasé a estar sumamente dolida. Me sentía impotente. Yo no traje nada al colegio, respondí. Madre Paloma usted está en un error. Se puso peor, más furiosa todavía y después de decirme mentirosa me indicó que al otro día podría entrar a clases sólo con mi representante. Llegué a la casa y llorando se lo conté todo a mi mami. Ella sin esperar dos veces llamó a la monja por teléfono. Conversaron largo rato, entre otras cosas le dijo que jamás en mi hogar me impulsarían a estar haciendo campañas subversivas de ningún tipo y peor aún iban a aprobar que lleve al colegio nada que esté prohibido sea de la ideología que sea. Y por supuesto que en mi casa nos enseñaban a mí y a mis hermanas a no decir mentiras. Cueste lo que cueste decir la verdad. Al otro día llegué al colegio con pesar. Estaba dolida. La Madre Paloma no había confiado en mí, no había creído en mis palabras. Ella me esperaba a la entrada, saludo a mi mami, quien me acompañó como era lo previsto, luego me dijo: lo siento, me equivoqué y te pido disculpas. Aprendí entonces que por mucha autoridad que tenga una persona, es mejor persona aún y tiene mayor autoridad si es capaz de reconocer sus equivocaciones. Aprendí que la humildad es eso, y que ser humildes hace grandes a los seres humanos por muy bajo que hayan caído.
Recuerdo una ocasión en que, ya como ex alumna, la visité, conversamos de muchas cosas. Al final, cuando nos despedimos, Madre Paloma, quien me conoce muy bien, me miró y me hizo una pregunta: ¿Eres feliz? Pienso que sí, le dije. No, insistió. No es cuestión de que lo pienses. ¿Eres feliz? Sólo la miré a los ojos…
Hoy repasando esa pregunta sigo sin poder decir un ¡Sí! Contundente. Pero puedo decir que estoy en eso, tratando. En la vida he tenido muchos momentos felices. Muchos de los cuales los viví en aquel colegio querido, cuando aún faltando cinco y hasta diez minutos para la hora del recreo, con el pretexto de que iba al baño, corría hacia el timbre y llegaba antes que ella…
Mi corresponsal en Chile
“Papi…” escribí en Facebook esperando que mi papá responda. Un día después había ya una respuesta: “Estoy bien, no te preocupes”.
Facebook era mi esperanza. Algunas personas se comunicaron usando internet, ya que la comunicación por teléfonos convencionales y celulares no fue posible a raíz del terremoto. El sábado veintisiete de febrero fue un día para no olvidar. Me desperté por la insistente vibración del celular, que suelo tener sin sonido. Cuando acerque el celular a mis ojos, encontré mensajes de mi hermana Manena que decían, despiértate, no sabes lo que ha pasado en Chile, un terremoto, ¿mi papi está en Santiago, qué sabes de él? Mientras leía los mensajes una sensación de impotencia se apoderaba de mi inconsciente. Conscientemente experimente cierto malestar. Me comenzó a doler el estómago. Luego sentí náuseas.
Sí. Mi papi estaba en Santiago. En primera instancia viajó a Buenos Aires acompañando a un familiar que iba a realizarse algún tipo de chequeo médico. Estando ahí, debido a la cercanía, se le ocurrió dar un paseo por Santiago para visitar a parientes y amigos y para recordar viejos tiempos. Llegó a Santiago en la tarde. Fue a instalarse a la casa de una amiga de su juventud. Hace muchos años, mi papi estudió y vivió en Chile. Llegada la noche, como entre las diez y las once de la noche, mi papi tuvo la idea de irse a un hotel, para no causar molestias a su amiga y sobre todo, lo principal y lo que imagino, porque se parece a mí, para tener mayor tranquilidad e independencia. En la madrugada, el terremoto derrumbó la antigua casa de su amiga…Él tuvo que salir del hotel e ir a donde ella otra vez, para ayudarla a reparar.
Sentido de la percepción o de la independencia, en tal caso, por esas cosas inexplicables que los católicos como yo llamamos milagros, mi papi se salvo la vida. Días atrás, mi papi me había pedido que contacte de alguna manera a mi primo Rodrigo, quien vive en Santiago, para concretar el viaje. Me encargue de ponerlos en contacto y un día antes del terremoto, recibí un mensaje de Rodrigo que decía, contacto realizado, mi tío viene a Santiago, gracias prima.
Todo eso daba vueltas en mi cabeza y se iba apoderando de mi inconsciente. Yo que no suelo dormir, ni aún de noche, me quedé atrapada en un profundo sueño que duro desde el medio día del sábado hasta pasadas las seis de la tarde. La impotencia, la preocupación, la angustia, me hicieron quedar dormida. Desperté, encendí el televisor y empecé la revisión frenética de los medios de comunicación, teléfono, Internet, celular,…
Cuando al fin supe por terceros, que mi papi estaba bien, entonces tome las cosas con el sentido del humor acostumbrado. Escribí por internet: Papi, ¡que magnifica experiencia! Estar ahí. ¡En el lugar de los hechos! (Mi papá es periodista) ¡Qué suerte la suya! Tome fotos, entreviste a todo el mundo, vaya a los sitios que mas pueda. De todo esto va a resultar un reportaje espectacular. ¡No se pierda ningún detalle! Y, como de tal astilla, tal palo, en la medida que podía usar Internet, los reportes de mi papi no se hicieron esperar:
“Hola hija. Te habla Mac. Estamos bien. El susto mayor ya paso. El terremoto, acá en Chile, fue de gran intensidad, 7 grados en Santiago y hasta 8.30 en Concepción, al sur de Chile. La parte de la región sur en Chile sufrió mucho. Chillán, Talca, Talcahuano, Concepción fueron los lugares que soportaron mas. Pero, también Valparaíso y Viña y algo fuerte en Santiago. Las construcciones soportaron bien, la mayoría. Las viviendas construidas en terrenos malos o que no habían seguido las normas, cayeron. Claro, los lugares pobres y con viviendas precarias fueron, como siempre, los más dañados… Los vuelos están suspendidos hasta luego de la revisión de Aviación Civil, ya que gran parte de la torre de control se desplomó. Además siguen las réplicas del terremoto, aunque leves… la situación del aeropuerto, esperamos se arregle rápido. En todo caso, “todo está bien”… Muertos y viviendas destruidas. Desesperación por la falta alimentos, hospitales dañados y miles de desaparecidos. También hubo una especie de tsunami en las costas del sur. Luego te informo más. Por ahora todo “casi tranquilo”… Cuídate y no te preocupes.”
No para en casa de amigos o parientes, ni en el hotel. Recorre calles y lugares y reporta. Entre otras cosas dice que debe usar el metro para poder ir de un lugar a otro. Cada día que pasa noto por la forma de escribir los mails, que a pesar del aparente optimismo, se siente cansado y algo fatigado: “…Los pasajeros están en el aeropuerto, desesperados, localizados en carpas y sin mayores atenciones. En todo caso, son cosas que no están en control de uno. Hay que tener tranquilidad y esperar. Los problemas siguen... Ahora están presentes el hambre, la falta de cobijas, de techo, etc. Más de 1 millón de viviendas se han perdido, los fallecidos subieron a casi a mil y miles más de desaparecidos. A esto se ha unido el saqueo, los incendios provocados y también cierta falta de planificación preventiva. Hasta en Santiago donde el terremoto fue de menor intensidad, algunos edificios han sufrido mucho deterioro. Hay uno, de 14 pisos ubicado en el área comercial, que estaría a punto de caerse. No todos los sitios tienen agua, energía eléctrica y gas. El transporte poco a poco se está organizando. El metro es el que ha salvado la movilización sobre todo para el trabajo, es la movilización que estoy utilizando. Así las grandes distancias se hacen muy cortas.”
Mi papi, no se queja. Dice una de mis tías que no entiende si mi papi está de corresponsal o…está loco.
En su último reporte, enviado el cuatro de marzo, me cuenta que se han dado más de doscientas réplicas sobre los 4.5 grados en la escala Richter y que justamente ese día hubo una mayor que alcanzó los 5.30 grados. Me dice además que: “el coraje de Chile es levantarse y seguir mejor que antes. Yo tampoco entiendo otra forma de actuar y de ser”
A pesar de la objetividad de los reportes, sé que prima en mí papi, la sensibilidad de lo humano. Me enseñó desde pequeña que lo que ocurre a un semejante debe ser sentido como propio, que no podemos dejar de asumir la miseria ajena…Es por eso que en medio de todo este barullo mental que estoy viviendo, bajo la preocupación por mi papá, por mi familia en Chile, por mis amigas chilenas y por todos los que han sido víctimas de este desastre natural pienso que debería, ¡que deberíamos!, empezar a sentir un poco más cercano el mal ajeno, el dolor, la tragedia, la angustia, nada está lejos y no precisamente porque te ocurra a ti o suceda en tu casa, tu ciudad o tu país. En medio de la espera, repasando posibilidades del retorno, por tierra, por avión, por lo que sea, se me vienen a la cabeza unas líneas maravillosas escritas por John Donne, que Ernest Hemingway puso al inicio de su libro Por quién doblan las campanas: “Nadie es una isla, completo en sí mismo, cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, al igual que si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti.”
Facebook era mi esperanza. Algunas personas se comunicaron usando internet, ya que la comunicación por teléfonos convencionales y celulares no fue posible a raíz del terremoto. El sábado veintisiete de febrero fue un día para no olvidar. Me desperté por la insistente vibración del celular, que suelo tener sin sonido. Cuando acerque el celular a mis ojos, encontré mensajes de mi hermana Manena que decían, despiértate, no sabes lo que ha pasado en Chile, un terremoto, ¿mi papi está en Santiago, qué sabes de él? Mientras leía los mensajes una sensación de impotencia se apoderaba de mi inconsciente. Conscientemente experimente cierto malestar. Me comenzó a doler el estómago. Luego sentí náuseas.
Sí. Mi papi estaba en Santiago. En primera instancia viajó a Buenos Aires acompañando a un familiar que iba a realizarse algún tipo de chequeo médico. Estando ahí, debido a la cercanía, se le ocurrió dar un paseo por Santiago para visitar a parientes y amigos y para recordar viejos tiempos. Llegó a Santiago en la tarde. Fue a instalarse a la casa de una amiga de su juventud. Hace muchos años, mi papi estudió y vivió en Chile. Llegada la noche, como entre las diez y las once de la noche, mi papi tuvo la idea de irse a un hotel, para no causar molestias a su amiga y sobre todo, lo principal y lo que imagino, porque se parece a mí, para tener mayor tranquilidad e independencia. En la madrugada, el terremoto derrumbó la antigua casa de su amiga…Él tuvo que salir del hotel e ir a donde ella otra vez, para ayudarla a reparar.
Sentido de la percepción o de la independencia, en tal caso, por esas cosas inexplicables que los católicos como yo llamamos milagros, mi papi se salvo la vida. Días atrás, mi papi me había pedido que contacte de alguna manera a mi primo Rodrigo, quien vive en Santiago, para concretar el viaje. Me encargue de ponerlos en contacto y un día antes del terremoto, recibí un mensaje de Rodrigo que decía, contacto realizado, mi tío viene a Santiago, gracias prima.
Todo eso daba vueltas en mi cabeza y se iba apoderando de mi inconsciente. Yo que no suelo dormir, ni aún de noche, me quedé atrapada en un profundo sueño que duro desde el medio día del sábado hasta pasadas las seis de la tarde. La impotencia, la preocupación, la angustia, me hicieron quedar dormida. Desperté, encendí el televisor y empecé la revisión frenética de los medios de comunicación, teléfono, Internet, celular,…
Cuando al fin supe por terceros, que mi papi estaba bien, entonces tome las cosas con el sentido del humor acostumbrado. Escribí por internet: Papi, ¡que magnifica experiencia! Estar ahí. ¡En el lugar de los hechos! (Mi papá es periodista) ¡Qué suerte la suya! Tome fotos, entreviste a todo el mundo, vaya a los sitios que mas pueda. De todo esto va a resultar un reportaje espectacular. ¡No se pierda ningún detalle! Y, como de tal astilla, tal palo, en la medida que podía usar Internet, los reportes de mi papi no se hicieron esperar:
“Hola hija. Te habla Mac. Estamos bien. El susto mayor ya paso. El terremoto, acá en Chile, fue de gran intensidad, 7 grados en Santiago y hasta 8.30 en Concepción, al sur de Chile. La parte de la región sur en Chile sufrió mucho. Chillán, Talca, Talcahuano, Concepción fueron los lugares que soportaron mas. Pero, también Valparaíso y Viña y algo fuerte en Santiago. Las construcciones soportaron bien, la mayoría. Las viviendas construidas en terrenos malos o que no habían seguido las normas, cayeron. Claro, los lugares pobres y con viviendas precarias fueron, como siempre, los más dañados… Los vuelos están suspendidos hasta luego de la revisión de Aviación Civil, ya que gran parte de la torre de control se desplomó. Además siguen las réplicas del terremoto, aunque leves… la situación del aeropuerto, esperamos se arregle rápido. En todo caso, “todo está bien”… Muertos y viviendas destruidas. Desesperación por la falta alimentos, hospitales dañados y miles de desaparecidos. También hubo una especie de tsunami en las costas del sur. Luego te informo más. Por ahora todo “casi tranquilo”… Cuídate y no te preocupes.”
No para en casa de amigos o parientes, ni en el hotel. Recorre calles y lugares y reporta. Entre otras cosas dice que debe usar el metro para poder ir de un lugar a otro. Cada día que pasa noto por la forma de escribir los mails, que a pesar del aparente optimismo, se siente cansado y algo fatigado: “…Los pasajeros están en el aeropuerto, desesperados, localizados en carpas y sin mayores atenciones. En todo caso, son cosas que no están en control de uno. Hay que tener tranquilidad y esperar. Los problemas siguen... Ahora están presentes el hambre, la falta de cobijas, de techo, etc. Más de 1 millón de viviendas se han perdido, los fallecidos subieron a casi a mil y miles más de desaparecidos. A esto se ha unido el saqueo, los incendios provocados y también cierta falta de planificación preventiva. Hasta en Santiago donde el terremoto fue de menor intensidad, algunos edificios han sufrido mucho deterioro. Hay uno, de 14 pisos ubicado en el área comercial, que estaría a punto de caerse. No todos los sitios tienen agua, energía eléctrica y gas. El transporte poco a poco se está organizando. El metro es el que ha salvado la movilización sobre todo para el trabajo, es la movilización que estoy utilizando. Así las grandes distancias se hacen muy cortas.”
Mi papi, no se queja. Dice una de mis tías que no entiende si mi papi está de corresponsal o…está loco.
En su último reporte, enviado el cuatro de marzo, me cuenta que se han dado más de doscientas réplicas sobre los 4.5 grados en la escala Richter y que justamente ese día hubo una mayor que alcanzó los 5.30 grados. Me dice además que: “el coraje de Chile es levantarse y seguir mejor que antes. Yo tampoco entiendo otra forma de actuar y de ser”
A pesar de la objetividad de los reportes, sé que prima en mí papi, la sensibilidad de lo humano. Me enseñó desde pequeña que lo que ocurre a un semejante debe ser sentido como propio, que no podemos dejar de asumir la miseria ajena…Es por eso que en medio de todo este barullo mental que estoy viviendo, bajo la preocupación por mi papá, por mi familia en Chile, por mis amigas chilenas y por todos los que han sido víctimas de este desastre natural pienso que debería, ¡que deberíamos!, empezar a sentir un poco más cercano el mal ajeno, el dolor, la tragedia, la angustia, nada está lejos y no precisamente porque te ocurra a ti o suceda en tu casa, tu ciudad o tu país. En medio de la espera, repasando posibilidades del retorno, por tierra, por avión, por lo que sea, se me vienen a la cabeza unas líneas maravillosas escritas por John Donne, que Ernest Hemingway puso al inicio de su libro Por quién doblan las campanas: “Nadie es una isla, completo en sí mismo, cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, al igual que si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti.”
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