martes, 9 de marzo de 2010

Manifiesto Del Frente de Mujeres de la Junta Cívica de Guayaquil En los Cien Años del Día Internacional de la Mujer

Las mujeres de Guayaquil, conscientes de su trascendental papel en la historia de la sociedad guayaquileña y que concierne a todo el Ecuador declaran en su manifiesto:
Reafirmar la fe en Dios y el compromiso con la fuerza cívica, con el valor de la mujer como pilar de la familia y de la sociedad.
Rescatar el rol de la mujer como base fundamental en la formación de ciudadanos valientes, honestos, emprendedores, trabajadores y patriotas. Pero sobre todo como formadora de seres humanos coherentes consecuentes y valientes, llamados a la excelencia para trabajar con espíritu de servicio por el progreso de nuestra ciudad, provincia y país.
Hacer un llamado al empuje, valentía, audacia y tesón de todas las mujeres guayaquileñas de nacimiento, de ancestro o de corazón, para permanecer firmes y perseverantes en la lucha por la autonomía, hasta su consecución verdadera, plena y total. Con la instauración del parlamento autonómico para lograr el progreso de Guayaquil, y en consecuencia, de todas las ciudades y rincones de la Patria.
Asegurar todas las libertades a las que las familias guayaquileñas y ecuatorianas tenemos derecho y restaurar el concepto de democracia en su más amplia expresión.
Consolidar el liderazgo de la mujer en todas las ramas del saber y en las diferentes actividades: magisterio, jurisprudencia, medicina, comunicación, finanzas, política, derechos humanos, voluntariado, servicios varios, entre otros. Y sobre todas estas actividades, la más importante: la de la mujer trabajadora que lucha día a día para llevar el pan a su hogar y encausar a sus hijos en el camino del bien.
Inspirar estos nobles anhelos de libertad y autonomía, en los vigentes ideales de José Joaquín de Olmedo. Y en las mujeres guayaquileñas que han dejado una huella fecunda en la historia:
Rosa Borja de Ycaza, Rita Lecumberri, Baltazara Calderón de Rocafuerte, Teresa Jado de Urbina, Bolivia Villamil de Ycaza entre otras ilustres mujeres de Guayaquil.
Invitar a todas las mujeres de Guayaquil a ser partícipes de las actividades del Frente Femenino de la Junta Cívica de Guayaquil.
Dado en Guayaquil, ciudad de Olmedo, aurora gloriosa de la libertad. Marzo 8 del 2010.

Lo que aprendí de ella

Era yo una adolescente cuando conocí a Madre Paloma Gutiérrez y ahora que me pongo a pensar, era ella una mujer joven. Habrá tenido no más de cuarenta. Recuerdo el primer sentimiento, de temor. Autoritaria, seria, estricta, de pocas pulgas. En pocas palabras ¡bravísima! También recuerdo el sentimiento mayor, el que cubre a todos los demás: un inmenso cariño. Por qué tan grande ese cariño. Porque son muchas cosas las que aprendí de ella. Son muchas cosas, si se pueden llamar cosas las que ella me enseño. Las que debo agradecer porque me han servido para sobrevivir en un mundo que no siempre ha sido de lo más apetecible.
Aprendí a ser quien soy y a valer por eso. Aprendí que por muy grande que sea el afecto o muy íntima que sea la amistad, el límite que no debemos rebasar es el del respeto. Aprendí a que hay que ser puntual, responsable y organizada. Aprendí a que ser sincera es importante, pero también aprendí a que ser sincera con amor, lo es mucho más. Aprendí que amar a alguien no es decir solamente lo que esa persona desea escuchar. Amar a alguien es decir lo que hay que decir, gústele o no le guste. Aprendí a decir lo que hay que decir, mirando a los ojos, hablando de frente. Aprendí que el cariño es algo que trasciende lo físico y que hay afectos que nos acompañan siempre y que durarán toda la vida. Aprendí muchas cosas. Aquí las tengo en este corazón que late segundo a segundo y que expresa lo que siente, honestamente y sin doblez.
Al decir lo bueno, no quiere decir que en todo ese tiempo de la vida en el colegio junto a Madre Paloma, no se dieron contratiempos. Dije que ella era bravísima. Ella era además bastante impulsiva. (Por lo cual nos parecemos) No sé si aún ella siga siendo así. Una vez alguien había llevado al colegio unos folletos “subversivos” sobe el Che Guevara. Resulta que soy hija de un papá de ideología marxista, lo que Paloma sabía. Sin averiguar la procedencia de los folletos, sin pensarlo y sin preguntarme al respecto, delante de “todo el mundo” me dio la repelada del siglo. Me dijo de todo lo que se le ocurrió en ese momento y además me agitaba tales folletos en las narices, repitiendo una y otra vez que como había sido yo capaz de llevar eso al colegio. Yo estaba atónita. De atónita pasé a estar sumamente dolida. Me sentía impotente. Yo no traje nada al colegio, respondí. Madre Paloma usted está en un error. Se puso peor, más furiosa todavía y después de decirme mentirosa me indicó que al otro día podría entrar a clases sólo con mi representante. Llegué a la casa y llorando se lo conté todo a mi mami. Ella sin esperar dos veces llamó a la monja por teléfono. Conversaron largo rato, entre otras cosas le dijo que jamás en mi hogar me impulsarían a estar haciendo campañas subversivas de ningún tipo y peor aún iban a aprobar que lleve al colegio nada que esté prohibido sea de la ideología que sea. Y por supuesto que en mi casa nos enseñaban a mí y a mis hermanas a no decir mentiras. Cueste lo que cueste decir la verdad. Al otro día llegué al colegio con pesar. Estaba dolida. La Madre Paloma no había confiado en mí, no había creído en mis palabras. Ella me esperaba a la entrada, saludo a mi mami, quien me acompañó como era lo previsto, luego me dijo: lo siento, me equivoqué y te pido disculpas. Aprendí entonces que por mucha autoridad que tenga una persona, es mejor persona aún y tiene mayor autoridad si es capaz de reconocer sus equivocaciones. Aprendí que la humildad es eso, y que ser humildes hace grandes a los seres humanos por muy bajo que hayan caído.
Recuerdo una ocasión en que, ya como ex alumna, la visité, conversamos de muchas cosas. Al final, cuando nos despedimos, Madre Paloma, quien me conoce muy bien, me miró y me hizo una pregunta: ¿Eres feliz? Pienso que sí, le dije. No, insistió. No es cuestión de que lo pienses. ¿Eres feliz? Sólo la miré a los ojos…
Hoy repasando esa pregunta sigo sin poder decir un ¡Sí! Contundente. Pero puedo decir que estoy en eso, tratando. En la vida he tenido muchos momentos felices. Muchos de los cuales los viví en aquel colegio querido, cuando aún faltando cinco y hasta diez minutos para la hora del recreo, con el pretexto de que iba al baño, corría hacia el timbre y llegaba antes que ella…

Mi corresponsal en Chile

“Papi…” escribí en Facebook esperando que mi papá responda. Un día después había ya una respuesta: “Estoy bien, no te preocupes”.
Facebook era mi esperanza. Algunas personas se comunicaron usando internet, ya que la comunicación por teléfonos convencionales y celulares no fue posible a raíz del terremoto. El sábado veintisiete de febrero fue un día para no olvidar. Me desperté por la insistente vibración del celular, que suelo tener sin sonido. Cuando acerque el celular a mis ojos, encontré mensajes de mi hermana Manena que decían, despiértate, no sabes lo que ha pasado en Chile, un terremoto, ¿mi papi está en Santiago, qué sabes de él? Mientras leía los mensajes una sensación de impotencia se apoderaba de mi inconsciente. Conscientemente experimente cierto malestar. Me comenzó a doler el estómago. Luego sentí náuseas.
Sí. Mi papi estaba en Santiago. En primera instancia viajó a Buenos Aires acompañando a un familiar que iba a realizarse algún tipo de chequeo médico. Estando ahí, debido a la cercanía, se le ocurrió dar un paseo por Santiago para visitar a parientes y amigos y para recordar viejos tiempos. Llegó a Santiago en la tarde. Fue a instalarse a la casa de una amiga de su juventud. Hace muchos años, mi papi estudió y vivió en Chile. Llegada la noche, como entre las diez y las once de la noche, mi papi tuvo la idea de irse a un hotel, para no causar molestias a su amiga y sobre todo, lo principal y lo que imagino, porque se parece a mí, para tener mayor tranquilidad e independencia. En la madrugada, el terremoto derrumbó la antigua casa de su amiga…Él tuvo que salir del hotel e ir a donde ella otra vez, para ayudarla a reparar.
Sentido de la percepción o de la independencia, en tal caso, por esas cosas inexplicables que los católicos como yo llamamos milagros, mi papi se salvo la vida. Días atrás, mi papi me había pedido que contacte de alguna manera a mi primo Rodrigo, quien vive en Santiago, para concretar el viaje. Me encargue de ponerlos en contacto y un día antes del terremoto, recibí un mensaje de Rodrigo que decía, contacto realizado, mi tío viene a Santiago, gracias prima.
Todo eso daba vueltas en mi cabeza y se iba apoderando de mi inconsciente. Yo que no suelo dormir, ni aún de noche, me quedé atrapada en un profundo sueño que duro desde el medio día del sábado hasta pasadas las seis de la tarde. La impotencia, la preocupación, la angustia, me hicieron quedar dormida. Desperté, encendí el televisor y empecé la revisión frenética de los medios de comunicación, teléfono, Internet, celular,…
Cuando al fin supe por terceros, que mi papi estaba bien, entonces tome las cosas con el sentido del humor acostumbrado. Escribí por internet: Papi, ¡que magnifica experiencia! Estar ahí. ¡En el lugar de los hechos! (Mi papá es periodista) ¡Qué suerte la suya! Tome fotos, entreviste a todo el mundo, vaya a los sitios que mas pueda. De todo esto va a resultar un reportaje espectacular. ¡No se pierda ningún detalle! Y, como de tal astilla, tal palo, en la medida que podía usar Internet, los reportes de mi papi no se hicieron esperar:
“Hola hija. Te habla Mac. Estamos bien. El susto mayor ya paso. El terremoto, acá en Chile, fue de gran intensidad, 7 grados en Santiago y hasta 8.30 en Concepción, al sur de Chile. La parte de la región sur en Chile sufrió mucho. Chillán, Talca, Talcahuano, Concepción fueron los lugares que soportaron mas. Pero, también Valparaíso y Viña y algo fuerte en Santiago. Las construcciones soportaron bien, la mayoría. Las viviendas construidas en terrenos malos o que no habían seguido las normas, cayeron. Claro, los lugares pobres y con viviendas precarias fueron, como siempre, los más dañados… Los vuelos están suspendidos hasta luego de la revisión de Aviación Civil, ya que gran parte de la torre de control se desplomó. Además siguen las réplicas del terremoto, aunque leves… la situación del aeropuerto, esperamos se arregle rápido. En todo caso, “todo está bien”… Muertos y viviendas destruidas. Desesperación por la falta alimentos, hospitales dañados y miles de desaparecidos. También hubo una especie de tsunami en las costas del sur. Luego te informo más. Por ahora todo “casi tranquilo”… Cuídate y no te preocupes.”
No para en casa de amigos o parientes, ni en el hotel. Recorre calles y lugares y reporta. Entre otras cosas dice que debe usar el metro para poder ir de un lugar a otro. Cada día que pasa noto por la forma de escribir los mails, que a pesar del aparente optimismo, se siente cansado y algo fatigado: “…Los pasajeros están en el aeropuerto, desesperados, localizados en carpas y sin mayores atenciones. En todo caso, son cosas que no están en control de uno. Hay que tener tranquilidad y esperar. Los problemas siguen... Ahora están presentes el hambre, la falta de cobijas, de techo, etc. Más de 1 millón de viviendas se han perdido, los fallecidos subieron a casi a mil y miles más de desaparecidos. A esto se ha unido el saqueo, los incendios provocados y también cierta falta de planificación preventiva. Hasta en Santiago donde el terremoto fue de menor intensidad, algunos edificios han sufrido mucho deterioro. Hay uno, de 14 pisos ubicado en el área comercial, que estaría a punto de caerse. No todos los sitios tienen agua, energía eléctrica y gas. El transporte poco a poco se está organizando. El metro es el que ha salvado la movilización sobre todo para el trabajo, es la movilización que estoy utilizando. Así las grandes distancias se hacen muy cortas.”
Mi papi, no se queja. Dice una de mis tías que no entiende si mi papi está de corresponsal o…está loco.
En su último reporte, enviado el cuatro de marzo, me cuenta que se han dado más de doscientas réplicas sobre los 4.5 grados en la escala Richter y que justamente ese día hubo una mayor que alcanzó los 5.30 grados. Me dice además que: “el coraje de Chile es levantarse y seguir mejor que antes. Yo tampoco entiendo otra forma de actuar y de ser”
A pesar de la objetividad de los reportes, sé que prima en mí papi, la sensibilidad de lo humano. Me enseñó desde pequeña que lo que ocurre a un semejante debe ser sentido como propio, que no podemos dejar de asumir la miseria ajena…Es por eso que en medio de todo este barullo mental que estoy viviendo, bajo la preocupación por mi papá, por mi familia en Chile, por mis amigas chilenas y por todos los que han sido víctimas de este desastre natural pienso que debería, ¡que deberíamos!, empezar a sentir un poco más cercano el mal ajeno, el dolor, la tragedia, la angustia, nada está lejos y no precisamente porque te ocurra a ti o suceda en tu casa, tu ciudad o tu país. En medio de la espera, repasando posibilidades del retorno, por tierra, por avión, por lo que sea, se me vienen a la cabeza unas líneas maravillosas escritas por John Donne, que Ernest Hemingway puso al inicio de su libro Por quién doblan las campanas: “Nadie es una isla, completo en sí mismo, cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, al igual que si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti.”