viernes, 9 de abril de 2010

Parafraseando a Pulitzer

En periodismo las cosas son como son no como deseamos que hayan sido o como nos parece que fueron. En periodismo: Hay que decir la verdad. La verdad objetiva. Si llueve, el periodista dirá: llueve. Si llovió ayer en Guayaquil, el periodista dirá: Llovió ayer en Guayaquil.
Si él sintió frío o calor por la lluvia eso es otra historia. También la puede contar si al escribir no está pensando dar una información sino una opinión.
La realidad no debe ser adulterada. Quien distorsiona la verdad ante la gente, comete un fraude ante su conciencia y ante la sociedad.
En Periodismo hay que decir las cosas usando un lenguaje sencillo, conciso y claro. Dos más dos son cuatro. Para expresar esta verdad matemática no necesitamos formular una ecuación o una regla de tres o desarrollar un logaritmo. Para decir que llueve, decimos: llueve. No hay porque hablar con adornos, sean o no literarios. El periodismo es periodismo, no literatura. Claro que si se aprende a manejar el lenguaje periodístico de manera idónea, aún con los temas menos agradables, se pueden encontrar verdaderas obras de arte. Se puede practicar un periodismo bello, hermoso, cautivador, sin distorsionar los hechos. ¿Cómo se obtiene un buen manejo del idioma?
Se obtiene así: ¡Leer y leer y seguir leyendo! Periodista que no lee, no es periodista. Pero ¡ojo! Hay que leer buena lectura. Cualquier publicación, aún siendo Best Seller, ganador de un Pulitzer o de un Nobel, no quiere decir que por eso sea una lectura recomendable. Quien desea aprender y ser mejor en su oficio, está en la obligación de saber qué lee y a quién lee.
Entonces, hay que investigar: Qué es bueno y qué no lo es. ¡Investigar! ¿Se lo contaron? ¿Lo vio a la pasada? ¿Lo publicaron en algún lado? ¿Lo repiten en los medios, dale que dale como cotorras sin pensamiento? No sirve. ¡Investíguelo! Compruébelo. Tenga la certeza. Lo que quiere decir: Vaya a la fuente. No se quede en lo que le contaron, lo que escuchó o lo que leyó. Cerciórese usted mismo de que las cosas sucedieron como sucedieron.
Según la tradición nos enseña, hay dos tipos de periodistas (los buenos periodistas): Los que estudiaron periodismo y se graduaron de periodistas y los que nunca estudiaron periodismo, pero son autodidactas del periodismo. Lo importante en ambos casos es la preparación, el estudio. El deseo de aprender y de hecho hacerlo. Aprender cada día más. Si no es así, las consecuencias están ante nuestros ojos. Un periodismo venido a menos en boca, manos y pensamiento de gente no preparada. Un periodismo manipulable y manipulador, que no responde al fin único y último de la profesión: Servir a la sociedad.
Pulitzer, el “padre del periodismo” no fue a la universidad, no podía. No tenía dinero y debía trabajar hasta el extremo. No se graduó de periodista en ninguna parte. No fue a estudiar al “extranjero” porque el mismo era un migrante. Un extranjero, un extraño. Pese a todo fue un verdadero autodidacta. Nadie le enseño. Él aprendió. Las horas libres las dedicaba a “devorar” libros. Una vez director de sus periódicos, arremetía a sus reporteros con la palabra: ¡Exactitud! Para ser exactos hay que saber lo que se está haciendo. A ciegas, imposible. El que no se prepara anda a ciegas.
El mismo Pulitzer dijo: La única profesión del mundo que no necesita preparación alguna, es la de Idiota, para todo lo demás: ¡Hay que estudiar!
Periodista no es cualquiera. Periodista es aquel hombre o mujer que se ha preparado. Que conoce la diferencia entre una entrevista y un debate. Que sabe cómo se escribe un artículo informativo y que éste es distinto de uno de opinión. Periodismo: Estudiar, quemarse las pestañas. Vivir las experiencias, anotar todos los detalles. Mezclarse entre la gente. En el día a día de cualquiera persona. En el día a día de la ciudad, del país. En tu propio día a día.
Escribir y borrar, una y otra vez.
Aprender a decir las cosas. A contar las historias de la vida de forma veraz. Con objetividad, exactitud, claridad y concisión. A cada acontecimiento preguntar: Qué, quién, cómo, cuándo, dónde, porqué, para qué.
Así los detalles básicos estarán abordados. Lo demás es cuestión de creatividad, de talento y de estilo. ¿Y si te equivocas a pesar de haberlo hecho todo bien? Siempre se puede rectificar.
Todos los periodistas auténticos, los de profesión y los de vocación y los de vocación y profesión, más allá de respetar, regirse, soportar, instituir o imponer códigos o leyes debemos trabajar procurando aumentar el bien y evitar el mal. Debemos hacer de la virtud, la ética y la moral, un hábito de vida. En ese quehacer ético y moral resalta la primera obligación de todo periodista: ¡Defender la libertad de expresión! Reconociendo que los límites de la libertad de expresión son: la verdad, la justicia y la responsabilidad.
¡Solo cuando defendemos la libertad de todos, somos auténticamente libres! Más que nunca, para abordar la realidad y comunicarla. Para constatar la injusticia y denunciarla se necesitan en el mundo, más periodistas y menos idiotas. Entiéndase que estoy parafraseando a Pulitzer.

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