El “ediondo”
La prudencia es virtud hasta lo debido. Si va más allá ya no es prudencia, es cobardía.
Todos los ciudadanos tenemos el derecho y el deber de opinar acerca de cualquier acontecimiento. Sobre todo si tal acontecimiento implica un impacto social importante. Si el que calla otorga y callar cuando se deben decir las cosas, hace daño. Más daño hace la intolerancia. La misma que no debe intimidarnos. CADA OPNIÓN MERECE RESPETO. El valor de opinar honestamente, haciendo uso del deber individual pero respetando el derecho colectivo, es de pocos.
No es fácil. Existe un punto medio al que todos debemos tratar de llegar y eso es justamente lo que nos ayudará a crecer como personas y brindar nuestro mejor contingente para el progreso. Nuestros pensamientos y opiniones bien expresados pueden lograr un resultado exitoso, aún en medio del mayor desacuerdo.
Las posiciones fanáticas y el odio malsano son dos consejeros perversos. No llevan a nadie hacia ninguna parte. Solo generan caos, confusión, división, violencia, agresión, enfrentamientos. Se me viene a la cabeza el recuerdo de algo que me sucedió en Facebook, parte del mundo virtual en el que estamos inmersos. Llegó a mi página de Facebook una invitación para ser fan del Campeonato Ecuatoriano de Fútbol, me imaginé y de hecho había sido así, mi hija Lidia me había enviado la invitación. Di clic en “hazte fan” luego entré a la página y en comentarios escribí: “Este año otro campeonato para la Liga, que los demás sigan soñando”. Fue mi comentario, ya que desde los nueve años de edad soy hincha de la Liga de Quito. El porqué no lo sé. Sencillamente cuando uno es hincha es hincha y punto. Tal vez en parte sea así porque el espíritu regionalista no habita en mí, al menos en cuestiones deportivas. En menos de lo que canta un gallo recibí una respuesta a mi sincero comentario. La misma decía así: quédese con su “edionda” Liga y no se meta en los asuntos entre Barcelona y Emelec. Mi primera reacción fue responderle al caballero del mensaje diciéndole: usted es un patán. Después pensé algo peor, le diré: Aquí el único “ediondo” es usted. “Ediondo” y encima ignorante, “ediondo” se escribe con “h”. Hediondo, usted mismo. Luego de revisar esas posibilidades, lo que hice fue entrar de nuevo en Facebook, leí el mensaje otra vez pero ahora sin rabia, más calmada, relajada y hasta me reí de esa tontería. Di clic en delete. El caballero del mensaje se registro en mis archivos como el hediondo. Palabra con la que he titulado este artículo, obviamente y como homenaje al motivador de estas letras, el título mantiene la falta de ortografía. En serio, nada más hediondo que la intolerancia.
Lamentablemente, reacciones como la del el hediondo, son en parte el resultado de ese ambiente hostil que hoy nos envuelve. Hay que poner un freno. Pero no un freno visceral. ¡Pensemos! Si te lanzan piedras y devuelves piedras, de alguna manera todos terminan apedreados. Conclusión, nadie gana, todo el mundo pierde.
Dentro de una atmósfera de agresividad permanente se practican estrategias que alientan el resentimiento social, enardecen la conciencia o la falta de conciencia colectiva, conspirando una lucha de clases sin oficio ni beneficio para nadie. Hay quienes heridos en sus propias frustraciones, quieren plasmar a cualquier costo sus fantasías sin pie ni cabeza con la etiqueta de una falsa solidaridad social. Justificando sus acciones en una supuesta búsqueda de la equidad.
viernes, 12 de febrero de 2010
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