miércoles, 3 de febrero de 2010

Gracias má


Relatos Breves

Gracias má

Por: Karyna Arteaga de Abad

Yo te quiero regalar palabras, ser tu red para cuando caigas, cogerte de la mano al andar… Por ti mi vida empeño, por un momento de verte sonreír, por ti mi alma vendo, a cambio del tiempo que necesites para ser feliz…Dejo todo por un beso tuyo, quiero ser tu espada y tu escudo, decirte que te quiero una vez más…
Palabras de la canción Por Ti, de Ella Baila Sola. La primera vez que ensayamos la canción en casa de Corina de Ginatta no pude cantarla, se me trababa la lengua, tenía un nudo en la garganta mientras me contenía para que mi llanto no fuera muy notorio. Todo lo que dice la canción es tan cierto. Por Ti, fue una de las dos canciones que los padres del Torremar cantamos a nuestros hijos el día de la fiesta de graduación, pero esa no es la historia. La historia es otra, la que recordé cuando Mario Monteverde nombró al primero de la lista, el día anterior a la fiesta, el día de la ceremonia de graduación. Mientras se escuchaba el nombre de mi hijo, una foto de Victorino Antonio cuando era chiquito salía en la pantalla junto a otra cuando ya era más grande. Le dije a mi esposo, párate y aplaude, aplaude fuerte. Mientras los dos aplaudíamos emocionados, Jorge Coronel le entregaba el título de bachiller, luego nuestro hijo caminó hacía donde estábamos, me dio un beso, me entregó su título y me dijo: Gracias má.
Dos palabras que llenaron por completo todas mis expectativas. Por el resto de mi vida no necesitaré nada más.
Es difícil explicar a los hijos con cuanto amor han sido concebidos en nuestra vida. Eso intento hacer ahora. Victorino Antonio fue el fruto de un inmenso amor. Cuando nació, su papá no podía contener la alegría, se acercó a mí con el niño en sus manos y me dijo: míralo que bello que es. En realidad yo me quedé pasmada, esperaba “otra cosa”. Lidia nuestra primera hija desde el mismo momento de haber nacido fue una niña preciosa. Este segundo hijo no se le parecía en nada, era una horrible bola de pelos. ¡Es el efecto de la anestesia! pensé, mientras le decía a mi esposo, ¡llévatelo, llévatelo! Ya cambiará, seguía pensando, estoy segura que no es lo que vi. Decir que cambio es poco, mi hijo se hizo un niño precioso, ahora es un joven muy guapo. Pero esa no es su mejor cualidad, su virtud está en su corazón. Confianza, alegría y algo de despreocupación, eso es este chico devoto de Francesco de Asís, hincha de Barcelona y fan de Bob Marley. Ese es mi hijo, el que fastidia como un chinche con la música de Ricardo Arjona, cantándome voz en cuello: Señora de las cuatro décadas… y el que cuando intuye que algo anda mal me canta: Tu casa es una casa de locos y tú también otro poco…Un chico que quiere ser poeta pero también desea ser un gran médico como su abuelo y su papá. Un chico que como tantos inicia una vida diferente, como el hijo de cualquiera de ustedes, los que están leyendo este relato. Una vida que anhelamos los padres de todos los chicos del mundo, sea una vida feliz…
Con un viejo bolso colgado en su espalda a manera de mochila, calzando unos zapatos deportivos algo desgastados, mi hijo estaba de salida. Quieres que te acompañe, pregunté. No má, no soy un niño, quédate tranquila. Me dio un beso y se fue caminando alegremente, se fue a la universidad. Yo apoyada en la puerta de mi casa seguía dando consejos al aire, de repente se volvió y me dijo: ¡Ya! No te preocupes. Hice un gesto de aprobación con la cabeza, cerré la puerta. Esa es la vida, así nos pasa a todos, me dije. Y mientras mi entereza flaqueaba y luchaba por no doblegar, mi boca tarareaba aquella canción: decirte que te quiero una vez más…

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