Relatos Breves
¡Dame fuego, dame, dame el fuego…de tu amor!
Por: Karyna Arteaga de Abad
Por ese palpitar que tiene tu mirar yo puedo presentir que tú debes sufrir igual que sufro yo por esta situación que nubla la razón sin permitir pensar…
Por que yo te amo, fue la primera canción de mi vida, la que canté voz en cuello mil y una vez mientras en mi primer tocadiscos, una pequeña caja de tapa roja, daba la vuelta bajo la aguja, mi también primer disco de 45 revoluciones, que en un lado tenía grabada Por que yo te amo y del otro Una muchacha y una guitarra. Canciones de Sandro de América, un argentino que enloquecía a las mujeres cuando bailaba a la vez que interpretaba sus románticas canciones.
Tendría entonces unos cuatro años, pero creo que desde entonces ya era media esquizofrénica, con mi personalidad triste y con mi personalidad alegre. Por un lado cantaba y lloraba con lágrimas y todo Porque yo te amo, sentía tan mía esa canción sin duda sin saber porqué, por otro lado bailaba como desaforada una muchacha y una guitarra. Recuerdo una ocasión en que mi mami y una tía abuela me llevaron a un concierto de Sandro, en la antigua Feria Internacional de Durán. Fue una locura, las mujeres se sacaban los sostenes y se los lanzaban al cantante, lanzaban hasta la ropa más íntima. Sandro parecía disfrutar de todo aquello, bailaba, cantaba, cantaba y bailaba y además le comenté a mi mami cuando terminó el concierto: se pintaba los labios. Era ese ritmo espectacular que solo él era capaz de llevar con tanta fuerza, mientras sonaba a toda voz: Sin tu fuego se apago mi vida, desde que tu amor no está…Dame el fuego, dame, dame el fuego, dame fuego, dame, dame fuego, dame el fuego de tu amor. Y las mujeres seguían delirando y gritando ¡otra! ¡Otra! Salía Sandro y entonces era la histeria total cuando empezaba a cantar: Rosa, rosa tan maravillosa, como blanca diosa, como flor hermosa, tu amor me condena a la dulce pena de sufrir…
Como sucede con todo en la vida, llegada la adolescencia y con la música ochentera, Andy Gibb y The Bee Gees, metidos en mi cabeza, Sandro quedó relegado, mi primer 45 se perdió y mi antiguo tocadiscos sencillamente, desapareció.
Pasados los años alguien me recordó una canción de Sandro, una de las más bonitas, por su ternura y por la sencillez con la que le canta al Amor. Fue mi esposo, antes de ser mi esposo, cuando éramos enamorados, quien se puso a cantar Te propongo, canción y cantante que no olvido porque forman parte de los momentos más bonitos de mi vida, Te propongo un amanecer cualquiera, aferrada de mi brazo, compartiendo una quimera…, te propongo simplemente, te propongo que me quieras.
Heme aquí, tratando de terminar el relato, pero esas canciones me detienen, esa voz inconfundible y porque yo te amo que suena y suena en mi cabeza, en mis oídos y en mi corazón…
Tus labios de rubí de rojo carmesí, parecen murmurar mil cosas sin hablar, y yo que estoy aquí, sentado frente a ti, me siento desangrar sin poder conversar, tratando de decir, talvez será mejor me marche yo de aquí, para no vernos más, total que más me da, ya se que sufriré, pero al final tendré, tranquilo el corazón y al fin podré gritar: ¡Yo te amo!
Sin duda un ícono de la música latinoamericana, quien hasta el final cumplió su palabra de mostrarse feliz, era así como lo pude ver en las últimas publicaciones del periódico o Internet. …No quiero que me lloren cuando me vaya a la eternidad, quiero que me recuerden como la misma felicidad, pues yo estaré en el aire, entre la tierra y en el palmar, estaré entre la arena y sobre el viento que agita el mar…
Pero sobre todo Sandro estará en su música, en sus canciones inmortales, cantadas con tanto entusiasmo. Sandro siempre será parte de mi vida, de mi infancia, ahí en mi pequeña cajita, primer tocadiscos de tapa roja, a donde además viven atrapados tantos recuerdos…
El tiempo y el destino me han golpeado sin cesar, mas yo sigo adelante sin dejarme doblegar, pues no vale llorar, tanpoco suplicar hay que pensar que todo pasará…
Debemos sonreír, morirnos por vivir, porque al final, de qué vale sufrir... Yo le aposté a la vida que jamás iba a llorar y a veces le hice trampas para poderle ganar pues yo no se perder, nací para triunfar y aquí ya ves yo estoy y río igual, al final la vida sigue igual, ¡eh! Al final la vida sigue igual.
miércoles, 3 de febrero de 2010
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